Si el pato laqueado de Pekín representa la cocina clásica de esta ciudad, entonces el espino blanco confitado es el sabor más cálido e infantil que se puede encontrar en las calles de Pekín.
Hileras de espinos de un rojo brillante, recubiertas de una capa de azúcar reluciente, resplandecen bajo la luz del sol. Un suave mordisco revela la crujiente capa de azúcar y el sabor agridulce del espino: sencillo pero inolvidable. No solo es un tentempié tradicional, sino también una delicia callejera que muchos turistas que visitan Pekín deben probar.

El espino confitado es originario del norte de China y tiene una historia de cientos de años. La forma más clásica de prepararlo consiste en ensartar espinos frescos y cubrirlos con una capa de jarabe de azúcar de roca hervido. Una vez que el jarabe se enfría, forma una capa exterior transparente y crujiente, de ahí su nombre: "espino confitado".
Hoy en día, además del sabor tradicional del espino blanco, también se puede disfrutar del espino blanco confitado elaborado con una variedad de frutas como fresa, uva, naranja y kiwi, que combina a la perfección tradición y creatividad.


La mejor manera de disfrutar del espino blanco confitado no es sentado en un restaurante, sino paseando por los hutongs y las calles antiguas de Pekín.
En invierno, es común ver puestos que venden espinos confitados en las calles de Gulou, Shichahai y Qianmen. Sostener una ristra de espinos confitados transparentes, admirar los patios antiguos y disfrutar del apacible ambiente callejero de Pekín es una experiencia que muchos turistas extranjeros adoran.

La belleza de viajar a menudo reside en los sabores más sencillos.
Cuando pasees por las antiguas calles y callejones de Pekín y pruebes el crujiente y dulce espino blanco confitado, su sabor agridulce se convertirá en el recuerdo más inolvidable que te deje esta ciudad.
Bayas de espino confitadas: una sucesión de dulces y ácidos que capturan el romanticismo invernal de Pekín.